Hay una niña que vive en la guarida de los lobos. Cuando sus compañeros de escuela vuelven alegres a sus hogares, ella debe que tomar un camino de miedo, oscuridad y dolor. Vive rodeada de silencio. A veces le gustaría hablar, pero sus labios no pueden moverse. Solo murmura en su cabeza: “A de alondra, B mece al bebé, C como un cisne…
Conoce dos tipos de días, los de rojo y los de color azul.
En los días rojos, hay dolor, los lobos aúllan sin parar, siente sus gritos y el calor de sus cuerpos pesados. Son los días en que el corazón se rompe. Ella piensa que todo es su culpa, que las cosas malas suceden porque ella hace algo muy mal. Su secreto pesa más y más pero siente que no podría alejarse de sus lobos, debe protegerlos.
En los días azules el dolor y la decepción se esconden un poco, la guarida huele a castañas y el miedo no se nota tanto. Estaría bien tener solo días azules para siempre.
Una maestra de la escuela que huele a pan tostado y es la seguridad, la tranquilidad; llega a romper el silencio del secreto. Sonríe y “sus ojos acarician el dibujo inacabado”. La niña empieza a llorar, las palabras encuentran sus caminos y el peso empieza aligerarse.




